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El Pilar
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Palacio Arzobispal
Basílica de Nuestra Señora del Pilar
 

La Basílica del Pilar es uno de los santurarios marianos más importante del mundo católico, hasta el que llegan anualmente miles de peregrinos. Es también un centro artístico de primer orden que reune obras de gran valor y de diferentes épocas.

A orillas del río Ebro se levanta la imponente Basílica del Pilar, joya del arte barroco en Aragón. Sucede este templo al construido en 1515, en estilo gótico, y que a su vez, sucedió al románico destruido por un incendio en 1443.

Según una venerable y antiquísima tradición, la Virgen María, cuando todavía moraba en Jerusalén antes de su gloriosa Asunción a los cielos, vino a Zaragoza a consolar al Apóstol Santiago. Éste se encontraba con los primeros convertidos a las orillas del río Ebro predicando el Evangelio. Desde tiempo inmemorial estos hechos se sitúan en la noche del 2 de enero del año 40 de la era cristiana. Ella trajo la Columna o Pilar para que sobre él se construyera la primera capilla que de hecho sería el primer templo Mariano de toda la cristiandad.

La construcción de la actual Basílica del Pilar está íntimamente ligada al aumento de la devoción pilarista a lo largo del siglo XVII. El anterior edificio gótico-mudéjar se queda pequeño ante el creciente número de fieles y se hace necesario levantar un nuevo templo grandioso y monumental, más acorde con el nuevo espíritu triunfante de la Iglesia de la Contrarreforma y con la recien adquirida categoría de concatedral. Se promueve una campaña popular en favor de la nueva construcción que pronto da sus frutos, y ya en 1674 el Cabildo decide tomar la iniciativa de las obras.

La fisonomía actual del Pilar es el resultado de un largo proceso constructivo que se inicia con el proyecto del zaragozano Felipe Sánchez, revisado posteriormente por Herrera el Mozo, arquitecto de Carlos II. La intervención del arquitecto real Ventura Rodríguez a partir de 1750 fue decisiva: renueva la decoración interior según las nuevas corrientes clasicistas de la época y diseña la Santa Capilla y el Coreto, y remodela el trazado exterior con cúpulas añadidas a la central -que en un principio se había pensado que iba a ser la única- y torres que no se terminarán hasta mediados de nuestro siglo. Así contemplamos desde cualquier perspectiva un impresionante edificio de características singulares por sus dimensiones, por la severidad del ladrillo empleado, de raíz mudéjar, por la policromía de las tejas de sus cúpulas y el aire bizantino que respira su estructura de cubrimiento.

El interior es de una gran belleza y una serena grandiosidad. Toda la traza del templo está acomodada a la idea, siempre defendida por la Cabildo del Pilar, de no mover de su sitio la Sagrada Columna de la Virgen. Es una planta de salón espaciosa con tres naves de igual altura. Los muros se animan con los motivos clasicistas diseñados por Ventura Rodríguez: pilastras, hornacinas, guirnaldas, palmas y ángeles tenentes. La Santa Capilla es un espacio sagrado concebido como un escenario donde se funden todas las artes, una exaltación de María a través de los sentidos, con la persuasión propia de la retórica del barroco. Los ricos materiales, jaspes, mármoles y bronces, se funden con la decoración escultórica y la pintura de su cúpula. En el altar se representa la escena de la Venida de la Virgen ante Santiago y los primeros Convertidos, obra de José Ramírez de Arellano que muestra una clara influencia del barroco romano y en concreto de Bernini.

La cúpula que cubre la Capilla fue decorada por el pintor Antonio González Velázquez, con el tema de la Venida de la Virgen y Construcción de la Santa Capilla. Tras el altar se sitúa el altorrelieve de la Asunción, realizado por Carlos Salas siguiendo el academicismo clasicista tan del gusto de la época.

Iglesia Parroquial de San Gil Abad
 

Tras la reconquista de la ciudad, se construyó un templo románico que, mediado el siglo XIV, fue destruido para levantar sobre sus ruinas la actual iglesia mudejar. En el exterior destaca la portada principal, construida en 1640, y, sobre todo, la torre, levantada en ladrillo como el resto de la construcción y documentada ya en 1356. Combina su planta cuadrada de los pisos inferiores con la rectangular de los superiores, abriéndose en los dos últimos cuerpos los vanos para las campanas.

El interior corresponde a la reforma barroca llevada a cabo entre 1719 y 1725, cuando se cambió la orientación del templo para dar la nueva entrada, se rehicieron el ábside y el cuerpo de los piés, se construyó la nueva cubierta con bóvedas de cañón con lunetos y fue decorado todo el conjunto con yeserías barrocas. Destaca el retablo mayor, contratado en 1628, dedicado a San Gil Abad.

La sacristía fue construida entre 1776 y 1779, decorada la bóveda con un fresco de Ramón Bayeu y en los muros siete pinturas sobre lienzo, de fray Manuel Bayeu.

Iglesia de Santa Cruz
  El edificio, construido a partir de 1768, posee planta cuadrada con interior de tres naves, presbiterio muy pronunciado y crucero cubierto con cúpula y decoración de pinturas de Braulio González en las pechinas. Destacan los retablos de San Miguel Arcángel, en el lado izquierdo, y el del Santo Cristo, en el lado derecho.
Catedral de San Salvador
 

La primera catedral cristiana de Zaragoza, construida bajo la advocación de San Salvador, se levanta sobre el mismo espacio que antes había ocupado el templo romano del foro, la iglesia visigoda y la mezquita Mayor musulmana. A finales del siglo XII, se inician las nuevas obras que siguen las pautas artísticas del románico tardío, con elementos que se habían desarrollado en la catedral de Jaca. Como reflejo de esta primera etapa conservamos la parte inferior de los ábsides, que se diferencia claramente del resto al estar realizada en piedra frente al ladrillo posterior. Las ventanas de medio punto se cierran con alabastro y presentan motivos de ajedrezado jaqués y capiteles historiados. El ábside central conserva en el interior un importante conjunto escultórico que permanece oculto tras el Retablo Mayor.

El templo se amplía a finales del siglo XIV, con el objeto de edificar una iglesia de mayores dimensiones y más luminosa, de acuerdo con el nuevo espíritu del gótico. Testimonio de esta época son los ábsides superiores y el muro de la Parroquieta, obra cumbre del mudéjar zaragozano. Se trata de una obra realizada por maestros aragoneses en colaboración con alarifes sevillanos, que logran convertir un simple muro de ladrillo en un auténtico tapiz policromo. Este muro cierra la capilla de San Miguel, construida por encargo del arzobispo Lope Fernández de Luna como capilla funeraria; en su interior guarda el sepulcro en alabastro del prelado y una espléndida techumbre de madera dorada. La parte superior del ábside central fue levantada a comienzos del siglo XV gracias al mecenazgo del Papa Luna, cuyas armas se encuentran entre las tracerías flamígeras de las ventanas. La Seo adquiere sus dimensiones y aspecto definitivo en el siglo XVI, bajo el arzobispado de Don Hernando de Aragón. A esta etapa corresponde el cimborrio, levantado para lograr una mejor iluminación del Retablo Mayor; constituye una valiosa muestra del arraigo de la tradición mudéjar en nuestra región. Las últimas intervenciones que completan su fisonomía exterior son la torre barroca y la portada clasicista, construidas en los siglos XVII y XVIII.

En el interior destaca el Retablo Mayor, obra representativa del gótico europeo realizada en el siglo XV bajo el patrocinio del arzobispo don Dalmau de Mur. El conjunto, obra de los escultores Pere Johan y Ans Piet d'Anso, sirvió de modelo para numerosos retablos posteriores, entre los que hay que señalar el Retablo Mayor del Pilar.

Palacio Arzobispal
  Las obras del edificio se realizaron entre 1779 y 1787. La fachada, de dos pisos y realizada en ladrillo, presenta grandes ventanales en la planta baja con verjas de hierro; mientras que las ventanas del piso superior están rematadas por frontones triangulares. El basamento y el enmarque de ventanas, puertas y alero están realizados en piedra. Los vanos de cada portada están flanqueados por dos columnas y pilastras de orden jónico y rematados por un gran balcón.

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