El edificio fue construido por el Concejo, destinado a servir
como Lonja de mercaderes, según el proyecto del maestro
Juan de Sariñena. Es el primer edificio plenamente
renacentista de la ciudad y la construcción civil más
importante del siglo XVI en Aragón.
Sus fachadas muestran una brillante interpretación
de los modelos italianos, adaptados al trabajo en ladrillo;
se articulan en tres pisos con el número de vanos creciente
en altura. Hay que destacar la temprana utilización
del cristal emplomado en las ventanas del segundo piso, a
fin de conseguir la iluminación interior necesaria
para las actividades que allí se desarrollaban. La
decoración se centra en el último piso, con
el mirador de arcos dobles de medio punto enriquecido con
bustos de personajes en yeso policromado.
La división exterior en pisos no se corresponde con
el espacio interior, que ocupa un gran salón con naves
separadas por columnas anilladas y cubierto por bóvedas
estrelladas. En la ornamentación se sigue también
el nuevo estilo renacentista, visible sobre todo en las ventanas
y en el friso de la inscripción que recorre toda la
sala. El motivo más repetido es el escudo de la ciudad,
portado por ángeles sobre los capiteles de las columnas
y tallado en las claves de las bóvedas. En el centro
de los cuatro lados aparece también el escudo del emperador
Carlos V, sostenido por leones y enmarcado en el Toisón
de Oro. Sobre este salón se encuentra la planta que
corresponde al mirador exterior, a la que se accedía
por una escalera de caracol ubicada dentro de una torrecilla
exterior, hoy desaparecida; la función que cumplía
era la de almacén de las armas del municipio.
Hoy, la magnificencia de sus columnas (llamadas "aragonesas"
y caracterizadas por tener un anillo en el fuste, a un tercio
de su altitud) y bóvedas acogen exposiciones municipales.
Tras su reciente restauración los colores han vuelto
a los relieves de los medallones exteriores, en los que Gil
Morlanes inmortalizó a personajes de la época.
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